La otra noche pensando en un buen sofrito (qué!, cada uno se duerme pensando en lo que le da la gana) se me ocurrió una idea a la que le suelto el bozal para que llame a quienquiera que le haga caso. Absténganse manazas y personas con ánimo de demasiado lucro.
Se trata de la plancha inquieta.
La plancha inquieta consiste en una plancha de cocina, similar a las que se usan en los bares cuando tienen faena, donde los alimentos se echan directamente encima y con ayuda de una espátula se les da la vuelta.
El secreto de un buen sofrito, así como el de muchos otros mejunjes culinarios, está en ponerle cariño, mucho cariño. Como esto tiene intención de ser un manual técnico, definiremos "cariño" como la cualidad del cocinero para mover sin cesar el susodicho sofrito. Así pues, concluyo que muchas recetas necesitan de una atención constante del preparador para que no se peguen y para que todos los alimentos se doren a la vez y poco a poco.
Con la plancha inquieta este problema se solucionaría.
La plancha inquieta, como ya apunté, es una plancha normal. Pero con una característica que la haría diferente de las demás. Nuestra plancha iría montada sobre unos soportes (uno en cada esquina) que la dotarían de movimiento. El mismo movimiento que hace un péndulo o un aparatito de esos que marcan el ritmo a un músico (¿diapasón?). La plancha, además, debería tener todo el perímetro ligeramente ribeteado -levantado- para evitar que se derramen los alimentos.
Pero no me digan que no sería práctica. Poder cortar la materia prima, echarla allí, y olvidarse del sofrito hasta que suene el relojito de cocina, que previamente habremos programado a los minutos deseados. El tiempo que hubiésemos dedicado a remover el sofrito para que quedase bien reducido, ahora lo hemos dedicado a estudiar la manera más correcta de cortar las berenjenas (pero esto ya sería otro frente de estudio).
Ahí queda eso.
Se trata de la plancha inquieta.
La plancha inquieta consiste en una plancha de cocina, similar a las que se usan en los bares cuando tienen faena, donde los alimentos se echan directamente encima y con ayuda de una espátula se les da la vuelta.
El secreto de un buen sofrito, así como el de muchos otros mejunjes culinarios, está en ponerle cariño, mucho cariño. Como esto tiene intención de ser un manual técnico, definiremos "cariño" como la cualidad del cocinero para mover sin cesar el susodicho sofrito. Así pues, concluyo que muchas recetas necesitan de una atención constante del preparador para que no se peguen y para que todos los alimentos se doren a la vez y poco a poco.
Con la plancha inquieta este problema se solucionaría.
La plancha inquieta, como ya apunté, es una plancha normal. Pero con una característica que la haría diferente de las demás. Nuestra plancha iría montada sobre unos soportes (uno en cada esquina) que la dotarían de movimiento. El mismo movimiento que hace un péndulo o un aparatito de esos que marcan el ritmo a un músico (¿diapasón?). La plancha, además, debería tener todo el perímetro ligeramente ribeteado -levantado- para evitar que se derramen los alimentos.
Pero no me digan que no sería práctica. Poder cortar la materia prima, echarla allí, y olvidarse del sofrito hasta que suene el relojito de cocina, que previamente habremos programado a los minutos deseados. El tiempo que hubiésemos dedicado a remover el sofrito para que quedase bien reducido, ahora lo hemos dedicado a estudiar la manera más correcta de cortar las berenjenas (pero esto ya sería otro frente de estudio).
Ahí queda eso.



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